¿Cómo revisar tus propios textos?

Revisa en pasadas separadas, cada una buscando un solo tipo de problema, y cambia el aspecto del texto antes de la última para dejar de leer lo que querías escribir. Cuatro pasadas cortas llevan unos minutos en un correo y encuentran mucho más que una sola lectura lenta y atenta.

Por qué una sola lectura atenta no basta

Cuando relees tu propio texto, ya sabes lo que se supone que dice. Tu memoria rellena la palabra que falta, se salta la que está repetida y disimula la errata antes de que tus ojos la detecten. Leer más despacio ayuda menos de lo que crees. Leer de otra manera ayuda mucho.

La solución es dar a cada pasada una sola tarea. Nadie puede juzgar a la vez el argumento, el ritmo y la ortografía de un texto, así que hazlo por turnos, del problema más grande al más pequeño. No tiene sentido pulir una frase que vas a borrar.

Pasada 1: ¿se entiende el mensaje?

Lee solo la primera frase de cada párrafo. Juntas deberían contar toda la historia. Si tu petición principal está al final, súbela al principio. Si un párrafo no tiene una primera frase clara, probablemente tampoco tiene un propósito claro.

Antes

Hola, Lucía: espero que estés teniendo buena semana. He repasado las cifras del último trimestre y las he comentado con Javier. Hay algunas cosas que deberíamos mirar antes de la reunión del viernes. ¿Podrías enviarme la previsión actualizada antes del jueves?

Después

Hola, Lucía: ¿podrías enviarme la previsión actualizada antes del jueves? Me gustaría revisarla con Javier antes de la reunión del viernes, porque las cifras del último trimestre nos dejaron algunas dudas.

Los mismos datos, la misma cortesía. La segunda versión simplemente le dice a Lucía lo que necesitas antes de que decida si sigue leyendo.

Pasada 2: ¿cada frase se gana su sitio?

Ve frase por frase y pregúntate: ¿qué perdería el lector sin esta? Quita los arranques que anuncian en vez de decir («Me pongo en contacto contigo para comentarte que…»), las frases que repiten la anterior con otras palabras y los matices que debilitan una afirmación que de verdad piensas.

Esta es también la pasada del orden. Si el lector necesita un dato para entender una frase, ese dato tiene que ir antes.

Pasada 3: ¿suena bien en voz alta?

Lee el texto en voz alta, o al menos mueve los labios. El oído capta lo que el ojo perdona: una frase demasiado larga para decirla de un tirón, tres frases seguidas que empiezan igual, una palabra que nunca usarías hablando. Donde tú te trabes, se trabará tu lector.

Pasada 4: ortografía, gramática y los detalles

Ahora mira la superficie, y antes haz que el texto te resulte desconocido. Cambia la fuente o su tamaño, pégalo en otra ventana o léelo en el móvil. Un diseño nuevo rompe tu recuerdo de lo que escribiste y ves lo que de verdad hay. Después revisa:

Lo que hace un corrector y lo que no

Un corrector está hecho para la cuarta pasada. No se cansa, no sabe lo que querías decir y presta a la última frase la misma atención que a la primera. Justo lo que tú no puedes hacer con tu propio texto.

No puede hacer las tres primeras pasadas por ti. No te dirá que tu petición está enterrada en el tercer párrafo ni que una frase no aporta nada. Así que haz tú las pasadas de sentido y fluidez, y deja la última al corrector. De paso, solo corriges la ortografía de las frases que sobrevivieron al recorte.

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